Mustafa Barghouti: "por una resistencia de masas no violenta contra Israel" - Marxismo
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Mustafa Barghouti: "por una resistencia de masas no violenta contra Israel"

Entrevista realizada por Ignacio Ramonet. Releída y modificada por el autor.
Barghouti

- Enlace al texto original en francés

Traducción de la entrevista íntegra para Marxismo en Red: Juan Álvarez

Nacido en 1954 en Jerusalén, Moustapha Barghouti es médico, formado en las universidades de Moscú, Jerusalén y Stanford. Es secretario general de Al-Mubadara (Iniciativa Nacional Palestina, INP), una organización política laica. Fue ministro de información palestino en el gobierno de unidad nacional formado en 2007 después de las elecciones parlamentarias. En 2006 se presentó a las elecciones presidenciales palestinas obteniendo la tercera parte de los votos y quedando en segunda posición detrás del actual presidente de la Autoridad Palestina, el Sr. Mahmoud Abbas.

Líder de la principal organización de masas de resistencia basada en la fuerza de la no violencia, el doctor Barghouti tiene como modelo de referencia a Gandhi, el padre de la independencia de la India, lograda contra los británicos por medio de una estrategia de no violencia. En el seno de una sociedad palestina maltratada por seis décadas de conflicto, cansada de la corrupción de Fatah y desconfiada respecto al fundamentalismo religioso de Hamas, el sostén popular, en particular de capas laicas, a las tesis de Al Mubadara se refuerza sin cesar.

El Dr. Barghouti cuenta también con un apoyo internacional cada vez más considerable, como lo demuestra la visita que le hizo, en Ramallah, el abril pasado, el ex presidente de los Estados Unidos, James Carter. El movimiento pacifista israelí le aporta por añadidura su concurso y su sostén.

El Sr. Moustapha Barghouti postula una sociedad palestina edificada sobre los principios de una democracia radical, arraigada en los movimientos sociales y fundada sobre los principios de la ética y la transparencia del buen gobierno y de los derechos humanos. Para obtener la soberanía plena de su país, es partidario de una lucha determinada pero pacífica contra la ocupación.

Nosotros charlamos con él en su moderno despacho de Ramallah, Cisjordania, desde donde se divisa, a través de las ventanas luminosas, la construcción de otro nuevo asentamiento israelí en la cima de una colina no tan lejana.

Ignacio Ramonet: El 14 de mayo de 2008 se conmemora el sexagésimo aniversario de la fundación de Israel y también lo que los palestinos llaman la "Nakba, el desastre. En esta ocasión, ¿cómo valora las relaciones actuales entre Israel y los palestinos?

Después de sesenta años de expolio, cuarenta y un años de ocupación, diecisiete años de la Conferencia de Madrid, quince años de los acuerdos de Oslo, y tras de numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en particular la 242 [1967] y 338 [1973], para buscar una solución justa y duradera a decenios de conflicto entre Israel y los palestinos, no soy optimista. A pesar de que finalmente nos deberíamos estar acercando a la paz.

¿No es este el caso?

No, al contrario. El problema se complica y se vuelve cada vez más complejo debido a la intransigencia de las autoridades israelíes. Y esto, independientemente de la actitud que adopten los palestinos. Se ha intentado todo: resistencia armada, resistencia no-violenta, participación, no participación y así sucesivamente. Cada día la situación se vuelve vez más difícil en Palestina.

Se olvida usted de la intransigencia de Hamas

Hoy en día, en los medios de comunicación, se habla mucho de Hamas. Pero Hamás no existía hace veinte años, el Hezbollah libanés tampoco. Es Israel quien, de alguna manera ha propiciado su creación por su sistemática actitud de confrontación contra los palestinos. Si queremos ser objetivos, debemos reconocer que tanto Hamas como Hezbolá son el resultado de la intransigencia israelí, considerando que a finales de los 80, la Organización para la Liberación de Palestina [OLP] estaba dispuesta a negociar y resolver el problema.

Pero los atentados no han cesado y es comprensible que la población israelí esté preocupada por su seguridad

Desde luego. Pero como médico puedo decirle que uno de los mayores errores que se puede cometer es confundir los síntomas con las causas de la enfermedad. Si lo haces corres el riesgo de matar al paciente.

La propaganda israelí mezcla muy hábilmente los síntomas y las causas. De este modo, casi todo lo que los medios de comunicación informan sobre el conflicto palestino-israelí tiene relación con la violencia. Pero olvidan decir que la violencia es sólo un mero síntoma, la expresión de un malestar, una manifestación producida por algo más, por una causa. Y recuerdan raramente que la causa de esta violencia es la ocupación israelí. Omiten aclarar que -como, por ejemplo, en la Francia de 1940 a 1944- la ocupación misma constituye la peor de las violencias.

¿Usted piensa que la situación de los palestinos hoy es similar a la de los franceses bajo la ocupación alemana?

No, no quiero comparar situaciones que no son idénticas. Pero es claro que la ocupación de Francia entre 1940 y 1944 no fue causada por la violencia de la Resistencia. Lo mismo que la violencia de los indios rebeldes, en la India, contra la presencia colonial británica no era la causa de esta colonización. La ocupación es la causa. La violencia contra la ocupación es sólo un síntoma. No hay que confundir ambos términos. Pero los medios los mezclan sistemáticamente. Y embrollan las cosas.

Tal vez porque los palestinos han cometido atentados contra civiles israelíes

Es una situación trágica pero al mismo tiempo extraña. Se pide a los ocupados que garanticen la seguridad de los ocupantes. Es surrealista. En un país ocupado, sus habitantes se defienden contra los ocupantes y se ha llegado a embrollar las cosas de tal forma que se ha llegado a entender que las víctimas son los agresores y los agresores, las víctimas. Se comenzó por confundir las mentes de los israelíes y luego, poco a poco, al resto del mundo.

¿Cómo explica eso?

Debido a que existe en Israel, un importante complejo militar-industrial. Similar al que el Presidente Eisenhower denunció, en 1960, en EE.UU. Y este complejo militar-industrial se ha beneficiado enormemente de las sucesivas guerras de Israel contra los Estados árabes y del conflicto contra los palestinos.

¿Cómo definiría usted este complejo?

Es mucho más sofisticado que su homólogo americano. Se podría definir como un complejo militar-industrial digital. Se alimenta de todas las guerras que se sucedieron desde 1948. Y hace todo lo posible para mantener estos enfrentamientos y la conflictividad en general, a expensas de los propios ciudadanos israelíes que son las primeras víctimas.

Israel no sólo es una potencia nuclear, es más importante, por ejemplo, que Francia. Se ha convertido en uno de los principales exportadores de armas y de dispositivos de seguridad.

¿No exagera un poco?

Según las últimas estadísticas, Israel es el cuarto mayor exportador de armas después de Estado Unidos, Rusia y Francia. Pero no se contenta con exportar sólo armas. Cada vez más, Israel exporta dispositivos electrónicos de seguridad, sistemas de alerta y defensa, técnicas de control, vehículos aéreos no tripulados para vigilancia y prevención, etc. Y, como ustedes saben, desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, la venta de todos estos artefactos se disparó.

¿Usted realmente piensa que el carácter que tiene Israel como exportador de armas determina su política hacia los palestinos?

Sí. Porque no podemos comprender la evolución de Israel sin analizar la evolución de su aparato militar. Entre 1920 y 1948, cuando Palestina estaba administrada por Gran Bretaña, se formó la Hagana, una organización militar clandestina judía que permitió los primeros éxitos -por medio de atentados- contra los británicos, y el grupo Stern, que aterrorizaba a los palestinos. Eran civiles que ejercían funciones militares. Más tarde, otras organizaciones armadas, como el Irgun, se fusionó con estas dos, y se constituye el ejército de Israel. Se fue profesionalizado, y poco a poco los civiles dejaron de mandar sobre los militares. La situación ha llegado incluso a invertirse. Ahora son los generales quienes han comenzado a dirigir la sociedad israelí.

¿Los militares tienen tanta influencia? Israel es todavía una democracia

Sí, pero una extraña democracia, en la cual los militares ejercen a menudo funciones clave. Piense, por ejemplo, Ariel Sharon, Ehmud Barak, Benjamin Netanyahu, Isaac Rabin y Menajem Begin. Todos militares. Y todos primeros ministros de Israel.

El ejército israelí desgasta muchos oficiales y los renueva constantemente. Desde un punto de vista militar, es una buena cosa porque el generalato es joven y domina las últimas técnicas de guerra. Pero la consecuencia de esta rápida rotación es que las fuerzas armadas retiran muy pronto a un gran número de generales que, ociosos, pasan a interesarse por la política. Y, a menudo llegan a los más altos cargos civiles. El ejército acapara así un gran número de cargos políticos en el gobierno y la administración pública.

Y luego, una vez que todos los puestos políticos están cubiertos, los nuevos generales retirados empiezan a buscar otras ocupaciones. Entran en la industria armamentística y se interesan en la exportación de sistemas de seguridad.

La guerra como industria de exportación

Eso es, pusieron los conocimientos adquiridos en la guerra o en la represión al servicio de empresas especializadas en seguridad y prevención de agresiones o el control de personas. Así es como Israel se ha convertido en uno de los mayores exportadores mundiales de sistemas de vigilancia y seguridad.

En la misma lógica, podemos decir que los israelíes utilizan en cierto modo Cisjordania y la franja de Gaza como auténticos laboratorios para experimentar y desarrollar nuevas técnicas de control de las personas, que luego pueden ser exportadas.

Hay, sin duda, muchos países interesados en la vasta experiencia de los militares israelíes en esta materia

Corren ciertos rumores sobre la presencia de oficiales americanos durante las incursiones militares en Cisjordania, dónde observan y estudian los métodos de vigilancia, control, prevención y represión desarrollados por los expertos israelíes. Para luego aplicarlos en Irak.

Sea lo que sea, uno tiene derecho a preguntarse si es normal que la democracia israelí sea pilotada por exportadores de armas y fabricantes de seguridad que, naturalmente, sacan provecho de la guerra y temen la paz.

Esto explicaría, en su opinión, ¿por qué, la "hoja de ruta" del 30 de abril de 2003 y la conferencia en Annapolis, del 27 de noviembre de 2007, haya avanzado tan poco hacia la paz?

La famosa "hoja de ruta", elaborada hace cinco años por el Cuarteto [los Estados Unidos, ONU, Rusia, Unión Europea] ha fracasado. Estableció, en esencia, dos objetivos: 1) Israel debe poner fin a la colonización 2) los palestinos deben garantizar la seguridad de los israelíes. En cuanto al primer punto. Cinco años después de la "hoja de ruta", los israelíes han intensificado la colonización. !E incluso después de Annapolis, el señor Olmert ha anunciado nuevas construcciones en los asentamientos!

¿Y sobre la seguridad de los israelíes?

Palestina no tiene ejército, carece de soberanía y ningún control sobre sus fronteras. Y, a pesar de esto, se le exige que garantice la seguridad de los israelíes. En particular, la de los colonos que, como su nombre indica, colonizan tierras palestinas confiscadas a los palestinos, que son expulsados manu militari, de su propia tierra.

La "hoja de ruta" habla sólo de la seguridad de los israelíes. Es decir, la seguridad de los ocupantes, que debe ser garantizada por los ocupados. ¡Nunca vi algo parecido!

Pero la "hoja de ruta" fue aceptada y aprobada por los representantes de la Autoridad Palestina

Escuche, la seguridad es también la Seguridad Social, la seguridad del empleo, la seguridad de la propiedad, la seguridad de los desplazamientos, etc. A los palestinos se los ha excluido de todas esas seguridades. Y, en cambio, privados de eso, deben asegurar y garantizar la seguridad de sus ocupantes. ¡Es el mundo al revés!

Nada justifica, sin embargo, atentados contra poblaciones civiles

Estoy muy de acuerdo. Pero, aunque sólo se habla de seguridad física, míremos las cifras de las estadísticas oficiales israelíes. En 2007 hubo trece víctimas israelíes, entre los que se encuentran cuatro soldados comprometidos en enfrentamientos armados y cuatro colonos. Ese mismo año los israelíes mataron 404 palestinos. A este respecto, los datos toman proporciones alucinantes. Usted sabe que soy un partidario firme de la acción no violencia, pero dejemos hablar a las cifras. En 2000, la proporción fue de cuatro a uno. Por cada israelí muerto, hubo cuatro palestinos muertos. En 2006, aumentó la proporción de 27 a 1, por cada israelí muerto, 27 palestinos. En 2007, ¡31 a 1! ¡Y durante los tres primeros meses de 2008, 46 a 1!

Desde el año 2000, aproximadamente 1.000 niños palestinos fueron asesinados. Desde la conferencia de Annapolis, en noviembre de 2007, más de 330 palestinos fueron asesinados, incluyendo unos cuarenta niños. No tiene sentido hablar de seguridad para una parte, mientras que a la otra se le priva de cualquier garantía.

¿Por qué se ha deteriorado tantísimo la situación?

En mi opinión, a causa de tres razones: la debilidad de los partidarios de la paz en Israel, la debilidad de los palestinos y el gran silencio de la comunidad internacional. Las autoridades israelíes están convencidas de que ahora gozan de total impunidad. Pueden hacer de todo sin riesgo de ser sancionadas o ser criticadas seriamente. Están seguros porque los dirigentes políticos de Israel configuran ahora un verdadero apartheid.

¿Qué es lo que le permite a usted afirmar eso?

Tómese el ejemplo del agua, un bien valioso y escaso en esta región semiárida. Cisjordania dentro de las fronteras de 1967, dispone de un promedio de 936 millones de m³ de agua. Pero sólo se ponen a disposición de los palestinos concretamente 132 millones; el resto, 804 millones están reservados a los colonos israelíes. Eso significa que un palestino sólo puede utilizar 50 m³ de agua por año para cubrir todas sus necesidades, beber, lavarse, cocinar, agricultura, industria etc, etc., mientras que un colono ilegal dispone de 2.400m³ por año. Cuarenta y ocho veces más. Un verdadero escándalo. La cruel ironía es que además, son los palestinos quienes la financian esencialmente: un palestino paga cinco shekel por unidad de agua (alrededor de un euro), mientras que un colono desembolsa menos de la mitad de esa suma.

¿Puede usted dar otro ejemplo?

Respecto de la energía ocurre lo mismo. En los últimos años las autoridades israelíes han destruido la única empresa que producía electricidad en Cisjordania. Comenzaron por prohibirle que comprase nuevos generadores, después la obligaron a suministrar electricidad a los colonos a precios reducidos. Como consecuencia cesó de producir electricidad y tuvo que limitarse a comprarla a Israel. Desde entonces, Cisjordania importa toda su electricidad de Israel que es vendida dos veces más cara a los palestinos que a los colonos. Éstos pagan la unidad eléctrica a 6,3 shekels, mientras que los palestinos la pagan a 13 shekels.

Los palestinos financian su propia colonización. Una injusticia que se corrobora con cifras como las de la renta anual media: hace cuatro años era para los palestinos de 1.600 dólares (actualmente, un poco más de 800 $), mientras que la de un israelí asciende a 24.000, ¡30 veces más!

A pesar de esta enorme diferencia, los palestinos son obligados a importar de Israel la inmensa mayoría de los productos que consumen. Al precio del mercado, que depende del nivel de vida israelí. En suma, debemos vivir con productos tan caros como en Israel, mientras que nuestras rentas son treinta veces inferiores...

Cuando hablaba usted de apartheid pensaba que iba a referirse al muro

Sí, por supuesto, está el Muro del Apartheid, sin contar los cientos puestos de control que impiden la libre circulación de los palestinos. Una “segregación” discriminatoria que jamás ha existido en ningún país. Es una innovación de la ocupación israelí, que no ha existido en la Sudáfrica del apartheid, ni tampoco en los Estados Unidos de la segregación racial. En estos países había autobuses distintos para negros y blancos o asientos diferenciados en el mismo autobús, pero todos los autobuses circulaban por las mismas carreteras.

Aquí la ocupación israelí ha construido carreteras exclusivas para los colonos y para el resto de los israelíes. Están prohibidas a los palestinos. Si yo, diputado del parlamento palestino, ex ministro, me atreviera a circular por esas carreteras, aunque sólo sea para pasear a pie, sería arrestado y condenado a seis meses de prisión.

Esta segregación se aplica también a los palestinos de Jerusalén Este que no se han movido de sus casa. Habitan Jerusalén desde hace siglos. No son ellos quienes fueron a Israel. Pero un día, en 1967, es Israel, por la conquista militar, quién vino a su casa. Y unos 340.000 palestinos automáticamente se convirtieron en "residentes temporales ".

¿Y eso qué significa?

Esto significa que están en espera. El derecho de residencia de un palestino en Jerusalén le puede ser arrebatado en cualquier momento. Un ejemplo: Israel rara vez concede una licencia de obras para una casa en Jerusalén a un palestino y eso después de un largo proceso lleno de obstrucciones. Si éste desea casarse y decide edificar una casa en Cisjordania, pierde su derecho a residir en Jerusalén. El lugar que le vio nacer. Mientras que un judío que venga de cualquier parte del mundo en cuanto llega a Israel obtiene la nacionalidad israelí y si quisiera, una casa en Cisjordania. Tiene más derechos que un palestino, que al igual que su familia, ha nacido y vivido aquí desde hace siglos, si no milenios.

Desde hace siglos e incluso milenios los judíos han sufrido segregaciones, persecuciones, racismo y, en Europa, una monstruosa tentativa de exterminio. ¿No es normal que Israel acoja a todos aquellos que quieran vivir a salvo del antisemitismo?

Yo soy el primero que condeno el antisemitismo y reconoce que los judíos sufrieron terriblemente el genocidio nazi. Al igual que Edward Said, cofundador del movimiento Iniciativa Nacional Palestina (INP), decimos que nosotros los palestinos debemos ser conscientes del monstruoso crimen del Holocausto. Pero esto no significa en absoluto aceptar que este genocidio excuse al sionismo de infligir sufrimiento a los palestinos. No les da derecho a practicar una política de expulsión y saqueo contra un pueblo que no tiene ninguna responsabilidad en los odiosos crímenes cometidos contra ellos. Actualmente, es la política de segregación y de injusticia de Israel la que destroza miles de vidas palestinas. Añadiría que los que nos persiguen hoy no son las víctimas directas del Holocausto. Estoy casi seguro que si éstas pudieran ver lo que nosotros, palestinos, sufrimos, no lo aceptarían. Porque esto les recordaría su propio sufrimiento.

Hay familias palestinas donde el marido y la mujer no pueden vivir juntos. Si uno de ellos, por ejemplo, que viva en Jerusalén oriental se une al otro en Cisjordania, pierde su residencia y a menudo, su vida en Jerusalén. Es terrible.

Y aún más terrible es el silencio internacional en torno a todas estas injusticias. Se llega a pensar que el mundo no quiere saber nada de nuestra tragedia, cierra los ojos y se tapa las orejas. La tragedia palestina es huérfana.

Hábleme de su organización, Al Mubadara, la Iniciativa Nacional Palestina

Uno de los fundadores de la OLP, el Dr. Haidar Andel-Shafi - que falleció en septiembre de 2007- con Ibrahim Dakkak, Edward Said, otros intelectuales y yo, decidimos en 2002 fundar un nuevo movimiento, la Iniciativa Nacional Palestina (INP).

Los Acuerdos de Oslo (1993) nos conmocionaron. Yo mismo fui parte de la delegación palestina en la Conferencia de Madrid (1991). Oslo era un instrumento para engañar a la gente, su verdadero objetivo era desmantelar el proyecto de soberanía palestina. Sustituyeron así la idea de independencia y soberanía por la Autoridad Palestina. De hecho, Oslo ha intentado crear bantustanes.

¿Por qué la OLP aceptó firmar tales acuerdos?

La OLP cayó en una trampa: Yasser Arafat estaba muy preocupado por el riesgo de crear un liderazgo alternativo con la elección de un nuevo jefe de la OLP y por eso aceptó diluir su organización en el seno de la Autoridad Palestina.

Usted ha acusado a la Autoridad Palestina de corrupción

Si, la hemos denunciado. Una corrupción indiscutiblemente impulsada por Israel, que confió a la Autoridad Palestina el monopolio de muchos servicios y obras públicas. Lo que entraño fraudes y enriquecimientos ilícitos. Fue entonces cuando muchos ciudadanos, hastiados por esta corrupción se volcaron hacia Hamas, organización fundamentalista, que partiendo de una posición de integridad, denunciaba la deshonestidad y la degradación moral de la Autoridad.

¿INP representa una solución de recambio?

Pensamos que Palestina necesita una verdadera alternativa. No solamente a la Autoridad, también al fundamentalismo. Y apostamos por la no violencia. No por oposición a la resistencia, pues la resistencia de un pueblo ocupado es legítima, reconocida y autorizada por el derecho internacional, siempre que no haya víctimas civiles.

Por lo tanto, a favor de una resistencia no violenta

Sí, nuestra posición es la resistencia de masas no violenta. Pienso, por ejemplo, en la primera Intifada o “guerra de la piedras”, que comenzó en diciembre de 1987 y salvó a la OLP del desastre. Este es un buen ejemplo de resistencia masiva no violenta.

Si hubiésemos podido concluir las negociaciones con Israel en aquel momento, sin malgastar los resultados de la primera Intifada (que se extendió hasta septiembre del 93), Oslo jamás se habría producido y tendríamos una paz duradera. Pero los israelíes optaron por firmar esos acuerdos con una dirección de la OLP que, en aquel momento, era minoritaria y frágil.

A la mayoría de los palestinos les repugna actualmente la opción binaria: o al Fatah, dócil y corrupto o Hamas, fundamentalista religioso. La INP constituye otra alternativa para dirigir la resistencia palestina.

¿Piensa realmente que la resistencia no-violenta es una opción realista?

Por supuesto, sobre la base de cuatro componentes: 1) fomentar una resistencia no-violenta de masas, 2) ayudar a la gente a resistir, estimular su capacidad, ayudarles a vivir todos los días, 3) construir un fuerte movimiento de solidaridad internacional, como el que hubo contra el apartheid en Sudáfrica y 4) una dirección unificada.

¿Cómo construir una masa crítica suficiente para garantizar que su estrategia tenga posibilidades de ganar?

Fatah y Hamas se basan en la fuerza. Nosotros creemos en la democracia. La cuestión de la democracia es crucial para alcanzar el éxito. Es una pre-condición para la paz. Porque la paz es sostenible sólo si se negocia entre dos formaciones democráticas.

Una parte no podrá imponer una solución a través de la violencia a la otra. Si se impone por la violencia, no es democrático. Tanto en Gaza como en Cisjordania, ni Hamas ni Fatah son democráticos.

En lugar de gastar su energía para compartir los cargos en la Administración, Hamas y Fatah deberían apostar por la democracia. Ambos practican formas especialmente inaceptables de violencia interna: el amiguismo y el nepotismo.

En este sentido, la INP es muy diferente de Hamas y Fatah que siguen arraigados en las deficiencias de la sociedad tradicional. Tienden a convertir el partido en una tribu. Con esto, no estoy diciendo que las dos organizaciones son idénticas. Existen diferencias entre ellas. Por ejemplo, Hamas no es corrupto y mostró, en el plano político, una gran coherencia. Pero ambas tienen características comunes. En particular, estas tendencias al amiguismo y al nepotismo.

¿Cuáles son sus posibilidades de éxito?

El futuro depende de nuestra capacidad para convencer a los palestinos de la eficacia de nuestra estrategia de cuatro puntos antes citada. Además tenemos una agenda social. Exigimos el Estado de Derecho, los derechos relacionados con la ciudadanía, los derechos de la mujer, los derechos de los niños, los discapacitados, los derechos sociales, en definitiva, el pleno respeto de todos los derechos humanos. Y esta agenda social que concebimos está muy directamente ligada a nuestra agenda política.

¿Qué fórmula política propone usted para salir de este conflicto interminable?

Nosotros pensamos que la mejor solución es la de los dos Estados. Es la forma más fácil de detener todo el sufrimiento. Aunque me pregunto si esta solución continúa siendo viable todavía. Porque para que pueda producirse, Israel debe destruir el Muro de apartheid, terminar con la colonización y desmantelar las instalaciones de colonos. Pero los israelíes hacen caso omiso y la colonizaciones continúan y se extienden. Piense que el número de colonos se ha duplicado entre 1993 y 2006. Son más de 200.000 en Jerusalén Oriental y más de 250.000 en Cisjordania. Representan actualmente el 25% de la población de Cisjordania y ocupan más del 40% de nuestro territorio. Pero le aseguro que los palestinos nunca aceptaremos convertirnos en una especie de esclavos de un bantustán.

En cambio puedo asegurarle que si los israelíes aceptaran la solución de los dos Estados, tomando como base la Conferencia de Madrid, todos los palestinos lo aceptarían. Incluido Hamas.

¿Y si no?

Entonces queda la solución de un solo Estado en el que convivan israelíes y palestinos. Pero una solución sólo puede ser viable en el caso de que ese Estado sea verdaderamente democrático, sin segregaciones ni discriminaciones. Tengo la profunda sensación de que nos queda por delante una larga lucha contra un nuevo tipo de apartheid.

¿Qué pueden esperar los palestinos de los Estados Árabes?

El mundo árabe está dividido, manipulado, incluido por Israel, el más astuto oponente al que jamás se enfrentó. Está en mal estado por razones internas: falta de democracia, regímenes inestables. Y por esto necesitan de Occidente.

El fracaso del mundo árabe radica en la inexistencia de un sólo régimen verdaderamente democrático. Despreciados políticamente y empobrecidos socialmente, los ciudadanos se vuelven entonces hacia el fundamentalismo.

Debemos añadir que el mundo árabe también se caracteriza por la ausencia de muchos derechos, especialmente los derechos de la mujer y los derechos de los jóvenes. Pero la mayoría de la población es muy joven. En Palestina, por ejemplo, el 70% de la población tiene menos de treinta años. Estos jóvenes necesitan cambios, nuevas visiones, perspectivas, en definitiva, esperanza. Y no ven nada por venir. Si no se les da esperanza, estos jóvenes también irán hacia el fundamentalismo.

Uno de los problemas principales de los partidos árabes tradicionales es que no hicieron trabajo de formación de la juventud. Dejaron así el campo libre a los movimientos religiosos.

En marzo de 2002, en la Cumbre árabe de Beirut una "iniciativa árabe de paz" fue propuesta por Arabia Saudita. ¿Piensa que sigue de actualidad?

La "iniciativa árabe de paz" se define en tres puntos: 1) fin de la ocupación israelí de Cisjordania, de Jerusalén del Este, de la franja de Gaza y de los altos del Golan; 2) derecho de regreso para los refugiados palestinos; 3) si estas dos primeras condiciones son cumplidas, reconocimiento de Israel por el conjunto del mundo árabe.

Pero Israel no quiere esta solución. Basta con comprobar que la reacción israelí a esta proposición fue reocupar Cisjordania cometiendo una matanza. Luego, el 30 de abril de 2003, los Estados Unidos se sacaron de la chistera la "Hoja de ruta", precisamente con el fin de flanquear la "iniciativa árabe de paz". De todos modos, la experiencia muestra que Israel destruye sistemáticamente toda posibilidad de un Estado palestino independiente y viable.

Y, en general, el mundo árabe deja hacer

En efecto. Sobre todo porque hay una contradicción muy grande entre las ambiciones de los dirigentes árabes de un lado, y las aspiraciones de las sociedades árabes, del otro. Los dirigentes están, a menudo, aislados del pueblo y son cautelosos.

Los extremistas, en Israel, proponen expulsar a los palestinos más allá del Jordán. ¿Esto le inquieta?

La expulsión de los palestinos efectivamente es el objetivo abierto y fijado por los extremistas israelíes. Pero es también el objetivo disimulado, escondido y enmascarado del conjunto del establishment israelí. Por supuesto, abiertamente no pueden hacer más de lo que hicieron en 1948 y que denunció tan magistralmente el historiador israelí Ilan Pappé. Hoy, se limitan a crear condiciones insoportables de vida para los palestinos. Juegan al cansancio, a que la gente esté hasta las narices. Piensan que, ya que la vida es literalmente imposible aquí, los mismos palestinos acabarán por irse. Nos animan a emigrar, a marcharnos.

Actualmente, los israelíes querrían relacionar la franja de Gaza con Egipto, como antes de 1967, para desembarazarse así del 40% del problema palestino.

En 1967, ante el avance fulgurante del ejército israelí, algunos palestinos se fueron. Pero la inmensa mayoría se quedaron. Porque sabían lo que había sucedido a los que huyeron en 1948 y que siguen estando, aún hoy, aquí en Cisjordania, o en Gaza, Líbano o Jordania, en los campamentos de refugiados. No querían sufrir la humillación y el calvario de los refugiados-expulsados de 1948.

Usted tenía 13 años en 1967. ¿Se acuerda de la llegada de las fuerzas israelíes?

Por supuesto. Era muy joven en la época, pero recuerdo que mi padre nos dijo: "Nos quedamos. No nos movemos de aquí. Más vale morir en nuestra tierra que deambular como errantes sin hogar" Esta elección de no irse es el mayor éxito estratégico palestino. La ironía es que no ha sido decidida por ningún equipo de dirigentes. Fue una decisión colectiva adoptada espontáneamente por el pueblo. Como la primera Intifada, puesta en marcha en diciembre de 1987. Esto muestra que el pueblo palestino se adelanta a sus dirigentes. Y que posee una aptitud increíble para volver a empezar.

En 1967, no nos fuimos. Los israelíes no consiguieron asustarnos para echarnos. Estamos siempre aquí. Y habrá que contar con nosotros.

En medio de tantas violencias, ¿por qué continúa apostando por la acción sin violencia? ¿No es un poco utópico?

Mucha gente dice que el único lenguaje que comprende Israel es el de la fuerza. En este sentido, Israel se comporta como todas las demás potencias coloniales. Porque ningún Estado colonialista comprendió jamás por qué la gente que colonizaba no los quería y deseaba que se fueran. Fue el caso, por ejemplo, de Francia en Argelia, o el de Inglaterra en la India, Kenia o Yemen.

Pero para mí, la fuerza no es sólo militar. Es la fuerza de la no violencia que puso fin al colonialismo en la India y el régimen racista del apartheid en Sudáfrica.

Si podemos movilizar a una mayoría de ciudadanos palestinos a favor de la idea de la resistencia masiva no violenta, creo que comenzará a vislumbrarse la paz para esta región. Una paz justa para ambas partes, basada en la justicia, los derechos humanos y la democracia y que conduzca a una prosperidad compartida.

Entrevistado por Ignacio Ramonet en Ramallah, Cisjordania, 26 de marzo de 2008. Releída y modificada por el autor. Ignacio Ramonet.

Traducción para Marxismo en Red: Juan Álvarez

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